Días mundialistas en Río de Janeiro

Mientras espero por el futuro de la selección argentina (si gana el miércoles, se vuelve a Río?), me pongo a escribir algunas líneas para recordar momentos vividos durante las dos semanas en Brasil.

Partimos aquel jueves lluvioso en el que el árbitro japonés Yuichi Nishimura, inauguración del mundial mediante, le regaló el triunfo a Brasil y empezó a inclinar levemente la balanza. Ese día desplegamos por primera vez la bandera con la insignia “Florida” que nos acompañó de principio a fin, pese a que siempre nos la olvidábamos en el baúl o en la casa de turno.

– Agarraron la bandera?
– Noooo.
– Uhhhhh.

No pudimos llegar a la frontera sin antes caer en la tentación de las empanadas que la hermana de Machi había preparado con toda la onda (ahh y también unas que había hecho Franquie, vegetarianas obvio) que supieron saciar el hambre de la tripulación y que además sirvieron para no parar a comer y hacer el viaje un poco más rápido. Nos esperaban 2686 interminables kilómetros.

Empanaditas

Empanaditas

A la frontera llegamos de madrugada. No te revisan. El tramite dura minutos. No te hacen perder tiempo. Solamente te piden los papeles y documentos correspondientes. Cédula de identidad del Mercosur (DNI o pasaporte) y la documentación del auto. Sin complicaciones. Todavía recuerdo el momento antes de cruzar la frontera. Un agente de la aduana argentina nos pregunta a dónde nos dirigíamos. “A Brasil” respondimos. Habrá pensado que éramos medio boludos.

Arena da Baixada, Curitiba

Arena da Baixada, Curitiba

Pese a las fuertes lluvias que acecharon al auto durante la madrugada pudimos llegar sin problemas a Curitiba, donde en principio pararíamos a descansar. Finalmente decidimos conocer la ciudad y el estadio mundialista Arena da Baixada. Después quisimos ver Chile vs Australia en el Fan Fest de la ciudad. Tardamos como una hora en encontrarlo y cuando llegamos no pudimos pasar porque era necesario tener un precinto.

Camino a San Pablo frenamos a cenar. Comida por kilo. Feijoada si o si. Mucho arroz y mucho poroto preto. Seguimos viaje. Pero pronto tuvimos que parar a un costado de la ruta porque el equipo entero cabeceaba. A las horas se retomó el viaje con destino final Río de Janeiro, la meca de la fiesta. Brasilera. Mundial. La ansiedad crece a cada minuto. Está soleado y todos nos imaginamos caminando por Copacabana.

Hasta último momento no teníamos hospedaje en la ciudad. Dónde terminaríamos parando, era la pregunta. A horas de llegar nos enteramos que pararíamos en la casa de un conocido de conocido de uno de los pibes que comandaba el otro auto rumbo al mundial. O sea, de un desconocido total.

Pese a las dudas, se aceptó la invitación. Después de tantos kilómetros, cualquier techo con una ducha y un colchón nos vendría bien. Ante todo una ducha, por favor.

El barrio donde paramos en Río de Janeiro se llama Jardim América. Esta es la imagen de Google Street View de la cuadra.

El barrio donde paramos en Río de Janeiro se llama Jardim América. Esta es la imagen de Google Street View de la cuadra.

(Si quieren ver más, entrá en este link de Google Street View y paseate por las calles de Jardim América).

El punto de encuentro era un shopping en las afueras de Río. Apenas llegamos, le enviamos un mensaje y al rato apareció este carioca de nombre Anderson. Un muchacho de unos 35 años, pelado, con gorra, la camiseta de River puesta y varios celulares sonando al mismo tiempo.

Se acercó y con un aceptable portuñol se presentó e hizo lo mismo con su amigo y socio, quien lo acompañó hasta allí. Preguntó por Pancho (con quien estaba en contacto por What’s App) y nos abrazó como si fuéramos amigos de toda la vida. Luego, nos invitó el desayuno, nos pagó el estacionamiento del auto y nos llevó a la casa. Cuánta buena onda. Demasiada para alguien como yo, desconfiado desde 1989. Me puse a hacer chistes sobre secuestros y extirpación de órganos como para que todos sepan lo que pensaba en ese preciso momento.

La banda de Florida

La banda de Florida

Pero nada más lejos que eso. La casa donde paramos estaba ubicada prácticamente a metros de una favela. No cuadras, metros. No mil metros, 30/40. Pero al parecer no habría problemas. Anderson era local en la zona.

Luego nos llevó a conocer su oficina y de ahí a almorzar. Nos volvió a invitar, esta vez a un restaurante tipo norteamericano, y hasta salteó la fila de personas que esperaban por una mesa. Esto de seguir aceptando invitaciones estaba generando una especie de pudor. Nahh, mentira jajajaj. Comimos, bebimos, presentó a la novia y partimos…

Comiendo con Anderson y la banda. Mientras tanto, Costa Rica daba el batacazo y vencía a Uruguay 3 a 1

Comiendo con Anderson y la banda. Mientras tanto, Costa Rica daba el batacazo y vencía a Uruguay 3 a 1

…Rumbo al hotel donde descasaba la selección, en busca de entradas. Un mundo albiceleste estaba en los alrededores con el mismo plan. Se rumoreaba que algunos estaban revendiendo pero el precio era elevadísimo. No estaba dispuesto a pagar una fortuna tampoco.

Pão de Açúcar

Pão de Açúcar

El paseo terminó con un recorrido por la costanera carioca, la famosa Avenida Atlántica, desde el barrio de Leblon hasta Copacabana. A todo esto, Anderson no respetaba ningún semáforo ni velocidades máximas. Medio Río de Janeiro le tocaba bocina. Una locura, sólo le faltó andar a contramano.

Esa misma noche llegó el otro auto, los esperamos, nos empilchamos y salimos directo para Lapa, un barrio bohemio con mucha actividad nocturna.

Al otro día. Arriba temprano. Operativo “búsqueda de entradas”. Caminando y caminando llegamos hasta la Avenida Atlántica invadida por turistas e hinchas de todas las nacionalidades del mundo. Por sobre el resto se notaba la presencia de los argentinos, muchos de ellos viviendo sobre la misma avenida junto a sus motor-home o similares. Ubicación de lujo, por unos pocos reales estaban frente a una de las playas más famosas del mundo.

Franquie y Machi

Franquie y Machi

Preguntando y preguntando. Nada. Nadie quería perderse el debut de la selección. En un golpe de suerte, pasan unos ecuatorianos a los que les saco una foto. Conversación mediante me comentan que tienen entradas para el partido. Le ofrezco dinero, más del doble de lo que la habían pagado. Dos aceptan pero un tercero no. Era fanático de Messi y nunca lo había visto en cancha. Pancho, Machi y Franquie se ocuparon de cerrar la negociación. Finalmente, aceptaron.

Maracaná

Maracaná

Eskaviando camino al Maracaná

Eskaviando camino al Maracaná

En el metro camino al Maracaná se arrancó con el agite. Cantando las canciones clásicas de la selección más la nueva “Brasil decime qué se siente”, que a mi parecer es bastante mala. Muchos extranjeros no hispanoparlantes sacaban fotos y filmaban la exasperación argenta. Varios me preguntaron en inglés qué estábamos cantando. Imaginate yo intentando hacer la traducción de “Brasil decime qué se siente”, fue algo así como:

“Brazil tell me what you feel, Your father is right now at home, I swear though the years pass by, We will never forget, That Maradona eluded you, That Caniggia scored a goal, You are still crying from Italy to this days, You will see Messi, He will bring us the cup, Maradona is better than Peleeeee”.

Y para cerrar el cancionero, algunos se sumaron al inédito “WHO DOESN’T JUMP, IS ENGLAND”. Jajajaja.

Presentes en el Maracaná

Presentes en el Maracaná

Sólo falta una entrada. En el caso de no tener suerte ya le había comunicado al grupo que me “inmolaba” y me iba a ver el partido en el Fan Fest de Copacabana. No sé quién la hubiese pasado mejor jajaja. Afortunadamente apareció la cuarta. Cruzamos los dedos esperando que no sean falsas. No lo eran. En total, pagamos 460 dólares cada una. Un número, pero buen, valió la pena.

El famoso Maracaná

El famoso Maracaná

El Maracaná no me impactó tanto como creí. Es decir, asimilé estar pisando un estadio emblemático. En un mundial. En el debut de la selección. Después de haber transpirado para conseguir la entrada. Pero el estadio lo creí más impactante. Más imponente. Más brasilero. Sin dudas que la reforma mundialista lo modificó, lo “europeizó”. Si dicen que acá hubo 200 mil personas viendo la final de 1950. En fín, sólo fueron mis sensaciones.

Esa noche terminamos durmiendo en el coche sobre la Avenida Atlántica, ya que por alguna razón que desconozco, tuvimos que dejar la casa dónde estábamos parando en barrio Jardim América.
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Con ganas de leer otros posteos? Elegí a qué país querés volar y relajate que despega el avión…

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4 Respuestas a “Días mundialistas en Río de Janeiro

    • Uhhhh recién leo este mensajeeee 😦
      No, para ese entonces ya habíamos regresado a Baires!! Cómo fue vivir la final en Río? Seguro que fenomenal, lástima el resultado :(!!!
      Para insertar el mapa tenés que ir a maps.google.com fijarte en la parte que te dice “compartir” o “enlace” e insertar el código “embed” o el código “HTML para insertar en un sitio web”.

      Si tenés problemas con eso, escribime de nuevo,

      Besooo

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