En dónde nos metimos: Porto Alegre

Nota mental. Mientras escribo sobre esta historia me pregunto: La cuento completa o dejo de lado algunos detalles? A veces me pasa que al escribir salteo nombres, lugares y situaciones porque no me parecen adecuados, más allá de que en cierto punto pueden resultar interesantes, o al menos anecdóticos. Un amigo siempre me dice “cuando escribís siento que te guardás muchos ‘cartuchos’ (léase detalles o momentos), siento que no contás todo”. Este relato de la expedición por Porto Alegre, durante el Mundial Brasil 2014, intentará ser lo más preciso posible.

Río de Janeiro. 9 AM. La banda se encontraba herida. La noche anterior Brasil le había ganado a Camerún y por unas horas nos habíamos transformado en brasileros para celebrar la victoria por TODA Copacabana. Cerveja, caipirinha y fernet con coca. Tranquilos.

La prensa tras la victoria

La prensa tras la victoria

Preparamos los bolsos, hicimos unas compras y aprovechamos para conectarnos unos minutos a Internet. Cuándo no. Una vez arriba del auto, pasamos por la Avenida Atlántica y la apreciamos por vez última. Otro día soleado para que los locales y otros continúen con sus actividades recreativas a lo largo de ese paseo empedrado entre tonos blancos y negros. Al parecer ya no volveríamos, no durante este mundial de fútbol.

Río de Janeiro – Porto Alegre. Un viaje de alrededor de 16 horas que finalmente se estiró a 20. El buen tiempo nos acompañó durante casi todo el trayecto pero al caer la noche el cielo se puso furioso. Fue imposible pegar un ojo con la cantidad de agua que caía. Afortunadamente no tuvimos mayores inconvenientes.

Llegamos a la ciudad a las 6 de la mañana. Quienes nos estaban esperando desistieron y para ese entonces se encontraban durmiendo. Decidimos hacer tiempo hasta el amanecer y nos pusimos a buscar una estación de servicio donde estacionar el auto. Todas estaban minadas de argentinos. La mayoría tomaba alcohol, casi todos cantaban canciones de aliento, algunos bailaban y otros pocos intentaban dormir un rato. Estas estaciones se habían convertido en búnkeres para todos los compatriotas que se aventuraron hasta Porto Alegre. Los diarios del estado de Río Grande do Sul se hacían eco de la invasión argentina. Esperaban alrededor de 200 mil.

Porto Alegre City

Porto Alegre City

No conocíamos personalmente a quien nos hospedaría pero si sabíamos de él por los medios y por las historias que llegaban a nuestros oídos. En Porto Alegre se lo conoce como “Hierro” y es uno de los máximos referentes en las tribunas del Beira Rio, estadio donde hace de local el Sport Club Internacional. Cómo es que terminamos parando en su casa? Porque es amigo de uno de los chicos con el que compartimos la caravana por Brasil durante las primeras dos semanas de competencia.

Alrededor de las 10 de la mañana Hierro contestó nuestros mensajes y quedamos en encontrarnos en el estacionamiento de un supermercado en el barrio Partenón, su barrio. En pocos minutos se concretó el encuentro en ese mismo sitio. Estaba vestido con ropa deportiva y llevaba en sus manos un libro. Cuando se arremangaba la campera se le notaban dos tatuajes, uno en cada brazo. En el derecho decía “Se tu lutas” y en el izquierdo “Tu conquistas”. Nota: Si mi portuñol no me falla significa “si luchas, conquistas”. Creo.

Nos saludamos y paso siguiente lo acompañamos a la peluquería. Si, a la peluquería. Debía aprolijarse la barba ya que en horas tendría que presentarse en la delegación policial, donde quedaría demorado hasta una hora después de finalizado el partido. Nos sentamos en los sillones, esperó su turno, se cortó la barba y pagó como cualquier hijo de vecino. Ninguno de los cuatro podía creer lo que estaba pasando. Era una escena de ciencia ficción.

Partenon II

Partenon I

Partenon I

Partenon II

De ahí marchamos directo a su casa. En realidad era la del hermano, hincha del Corinthians. En cada rincón de la misma había una camiseta, un gorro, un póster o algún producto relacionado al equipo Timão, de la ciudad de San Pablo. Nos cambiamos y fuimos al Beira Rio. Con una parada previa. Nuestro anfitrión, como bien les adelanté reglones arriba, debía permanecer en la delegación policial desde una hora antes de comenzado Argentina vs Nigeria hasta una hora luego de su finalización, procedimiento que realizó durante todos los partidos que se disputararon en la sede de su ciudad.

Llegados a las inmediaciones del estadio nos dividimos. Pancho y Machi entraron mientras Frankie y yo nos pusimos a preguntar precios a algunos revendedores que estaban merodeando los alrededores. Al tener la clasificación en el bolsillo no nos pareció conveniente pagar la fortuna que estaban pidiendo por un ticket de ingreso. A todo esto y para nuestra sorpresa, por las calles gaúchas corría el rumor de que argentinos le habían robado entradas tanto a brasileros como a nigerianos. Nunca menos.

El Fan Fest de Porto Alegre estaba explotado de argentos. Todos desvelados, tomando fernet con coca, gritando desaforadamente la famosa canción “Brasil decime qué se siente…”, riéndose de los brasileros y encarando brasileras. Es decir, en su salsa.

El partido fue una anécdota. Apenas finalizado nos reencontramos con Machi y Pancho, levantamos a Hierro por la delegación y fuimos a comer unas hamburguesas que él nos invitó. Luego fuimos hasta una favela (no recuerdo el nombre) a visitar a un amigo suyo y de paso a conocer la cancha donde jugaríamos el desafío Argentina – Brasil, que finalmente se suspendió por lluvia. Por suerte.

Apenas nos bajamos del auto, Hierro nos propuso dejarlo abierto ya que según él las chances de que sufriera un robo eran nulas. En las favelas, nos cuenta, existe un “poder paralelo” que se encarga de aquellos que delinquen. “Los sacan de circulación”, fueron sus palabras exactas. No quisimos ahondar en cuanto al significado real de la frase, no queríamos detalles.

Si nos faltaba algo para completar este día de extrañas escenas de ciencia ficción era ver la tobillera que llevaba en su pie derecho el amigo de Hierro que acababa de salir de su casa para saludarnos. No me refiero a esas pulseras de hilo que se pueden conseguir en cualquier feria de artesanos. Me refiero a esas que titilan y que conocemos solo por las películas norteamericanas. CORTE!!

Al otro día nos levantamos y nuestro anfitrión nos había preparado tremendo desayuno: café, jugo, tostados (mixto quente), budines, de todo. Nos presentó a su tía, que vivía en una casa pegada a la suya y hasta nos sacamos fotos que nunca ví pero que me gustaría. Debíamos tener el estómago lleno para lo que se aproximaba.

Nos cambiamos y partimos rumbo a la delegación. Al parecer, tiene que presentar la documentación de la gente que se queda en su casa y como en este caso éramos nosotros, pasamos unos minutos por allí. Así, él podía demostrar que no andaba de acá para allá con barras, como decían los medios, sino con gente normal.

Las sorpresas continuaban. Hierro tenía preparado el circo para que la televisión pueda hacerle una nota junto sus amigos argentinos, NO BARRAS. Estaba más que claro que él quería demostrar su buena conducta ante los medios. Y qué mejor que una entrevista AO VIVO. Por unos segundos (aunque creo que fueron minutos) estuvimos al aire para la televisión brasilera y hasta Pancho improvisó un pequeño discurso en portuñol en el que contaba que éramos hinchas del fútbol y que estábamos disfrutando del mundial como gente común. Nota: Juro que todavía entro a Youtube a buscar ese video pero no aparece. Al menos tenemos una captura de pantalla de ese momento.

Durante el resto de nuestra estadía por Porto Alegre estuvimos paseando por toda la ciudad. Hierro fue una especie de guía turístico y hasta nos hizo de fotógrafo. Fuimos al antiguo estadio del Gremio, al shopping, paseamos por el centro, nos metimos en un gran mercado de alimentos y feriantes, caminamos por el puerto y hasta fuimos a bailar a un bolichito medio under la última noche antes de volver para casa.

Turistas

Turistas

Porto Alegre nos trató diez puntos. Hierro, once. EN DONDE NOS METIMOS 🙂

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Con ganas de leer otros posteos? Elegí a qué país querés volar y relajate que despega el avión…

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