La paranoia del taxista turco secuestrador

Última tarde en Estambul, Turquía. Me encontraba haciendo tiempo en la Plaza Sultanahmet para luego dirigirme hasta la estación de buses Otogar. Mi próximo destino era Goreme, en la región de Capadocia, donde la atracción principal es subirse a unos globos y flotar por sobre una superficie que parece lunar. Un espectáculo único.

El ticket de bus Estambul – Goreme se lo había comprado el día anterior a un mexicano que trabajaba en una agencia de turismo en pleno centro de la zona de Sultanahmet. En la vidriera de su agencia había un cartel grande que decía “hablamos español”. Pensé, en ese entonces, que era una buena oportunidad para poder sacarme algunas dudas con respecto a la ciudad y de paso comprar los pasajes tanto para Capadocia como también para Atenas, Grecia.

Estambul - Goreme

Estambul – Goreme

Antonio (así se llamaba el vendedor mexicano) me contó que se había establecido en Estambul varios años atrás y que estaba muy cómodo allí. Durante toda la charla se mostró amable, me dio un par de consejos y finalmente, como le había comprado dos tickets de bus, ofreció gratis el traslado desde la puerta de la agencia hasta la estación Otogar. A partir de las 6 de la tarde del día siguinte, el mini-bus estaría levantándome, junto a otros viajeros. Supuestamente.

Tiempo antes de que el reloj de mi celular marcara las 6 (en realidad marcaba la 1 pm, hora argentina que no cambié durante todo el viaje, ni en el celular ni en la pc), me encontraba firme como un soldadito en la puerta de la agencia. Suelo ser muy cauto con esto de los horarios. En fin, 6:15, 6:30, 6:40 y el tan promocionado y gratuito mini-bus no había aparecido y nada me hacía creer que así fuera. En fin, nadie te regala nada, dicen…

Las pulsaciones comenzaron a acelerarse de a poco, aunque ya habría tiempo de que se elevaran al máximo, no muchos minutos después. No iba a esperar ni un segundo más en la puerta de la agencia, por lo que decidí preguntarle a locales que pasaban por allí la manera más veloz para llegar a Otogar. En menos de una hora y media partía mi bus rumbo a Capadocia.

Casi nadie hablaba inglés y, ni hablar, español. Seguí buscando ayuda hasta que una joven, que estaba observando cómo me empezaba a desesperar, se acercó y explicó que debido al tránsito causado por la hora pico, estaba con el tiempo muy justo. Con un inglés rústico, me recomendó tomar el tranvía y hacer combinación. Para eso, debía comprar dos “tokens”, moneda de plástico necesaria para viajar por el transporte público estambulita.

El primer tramo del viaje lo hice de manera satisfactoria pero al llegar a la estación Yusufpasa, donde debía hacer la conexión, nadie sabía explicarme cómo encontrar la otra línea que me llevaría directo a Otogar. Volví a preguntar. Algunos que balbuceaban mínimanente inglés me dieron algunas indicaciones, pero lo loco era que todas eran diferentes entre sí. A quién hacerle caso? Tenía 30 minutos antes de que partiera mi bus y para colmo ya era de noche.

En el desconcierto, un chico y una chica que estaban esperando el bus, supongo con destino a sus hogares, me vieron deambular con mis mochilas de un lado para otro y me ofrecieron ayuda. En un perfecto inglés, me explicaron que debía tomarme un taxi porque de lo contrario perdería mi pasaje a Capadocia. Ellos mismos pararon uno y arreglaron con el taxista el destino y precio para evitar un malentendido. OK. Les agradecí la acción.

Me subo al taxi y a partir de ese entonces quedo totalmente incomunicado con el mundo, ya que el taxista no entendía nada de lo que yo le decía y viceversa. Es más, ni los gestos funcionaron aquella noche, estaba incomunicado. REAL.

Cuando la situación parecía controlada pese al inconveniente comunicacional, el taxista se salió de la iluminada y caótica avenida y se metió por unas calles bien angostas y oscuras, en las que no andaba más nadie que nosotros. Primera alarma. Yo le gritaba “OTOGAR, OTOGAR, BUS, BUS”. El miraba por el espejito retrovisor. Más allá de que yo no sabía cómo llegar a la estación, me hacía ruido el camino que el taxista turco (supongo que era turco, je) había tomado.

Mi mente empezaba a imaginar el futuro inmediato y no parecía para nada alentador. Estaba muy paranoico, pensaba que me irían a secuestrar. TERROR. PARANOIA EN ALTAS DOSIS. Debía empezar a cranear un plan B, de película: abrir la puerta, arrojarme del auto y salir corriendo para andá a saber dónde. Para poder correr debía deshacerme de la mochila grande, demasiado pesada para un virtual escape. La dejé a un costado mientras que con el brazo izquierdo sujetaba a la pequeña mochila en la que guardaba mis documentos y otras cosas, digamos, importantes. Mi otro brazo, el derecho, se hallaba apoyado sobre la puerta. Mi mano en el picaporte, preparada en caso de tener que eyectarme del auto. Realmente creía que el taxista no se dirigía a la estación.

Después de diez minutos de viaje este paró en una estación, pero de servicio. En el medio de la nada, LITERAL. El alumbrado público no había llegado para las personas que vivían en aquella ignota parte de Estambul. La única iluminada era la estación, el resto a oscuras.

El taxista detuvo el auto, me hizo una seña, sacó las llaves y se bajó. Yo no entendía qué sucedía. Caminó unos metros de forma muy relajada, se acercó hasta un hombre que parecía trabajar allí cargando combustible y se pusieron a charlar. Pensé “Liiiiisto, estos trabajan juntos, ahora viene la parte que me secuestran o me roban o algo. Reparten las ganancias, seguro”. Bajé la ventana tímidamente y le insistí “OTOGAR OTOGAR”. El taxista asintió con la cabeza pero creo que seguía sin comprenderme. El hombre que trabajaba en la estación, agarró las llaves del auto, abrió el surtidor y comenzó a cargar el tanque, mientras continuaban hablando entre ellos.

Minutos después, el taxista saludó a los presentes en la estación, se subió al auto, lo puso en marcha y continuamos camino. A esta altura y teniendo en cuenta que no sabía dónde me encontraba, lo que menos preocupaba era perder el bus, era lo mínimo que podría acontecer.

Luego de hacer un par de cuadras más, oscuras por supuesto, retomamos por una avenida y guaaaaaaaaaaaalá “WELCOME TO OTOGAR BUS STATION”. No saben lo rápido que me bajé del taxi ese…

Cómo ir de Sultanahmet a la estación de buses Otogar?

Dos opciones:

  1. Tomar el tranvía T1 en dirección Zeytinburnu. Bajarse en Yusufpasa y caminar dos cuadras hasta la estación Aksaray del M1. Una vez allí tomar el servicio en dirección a Havalimani y bajarse en la estación Otogar. Esta fue la opción que tomé y que finalmente tuve que descartar una vez en Yusufpasa por no encontrar cómo llegar caminando a Aksaray.
  2. Tomar el tranvía T1 en dirección Zeytinburnu. Bajarse en esa misma estación, que es la última de ese recorrido, y hacer combinación en la estación del M1 homónima. Una vez allí, tomar el servicio en dirección a Aksaray y bajarse en Otogar. De esta manera, es imposible errarle, ya que la combinación es muy sencilla. Yo la hice para ir del aeropuerto Ataturk hasta Sultanahmet.
Mapa del Metro de Estambul (vía estambul.es)

Mapa del Metro de Estambul (vía estambul.es)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s